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lunes, 29 de abril de 2013

El nuevo cepo: Los comicios de octubre


Por Carlos Pagni

Cristina Kirchner ha llevado a un extremo sorprendente su creencia en el señorío de la política sobre otras dimensiones de la vida pública.
Toda dinámica colectiva es susceptible de ser sometida, según ella, a la voluntad del que manda. Este axioma explica por qué, ante cada desequilibrio en un mercado, no atina a atacar las causas del problema, sino a anular sus efectos con una reglamentación. Para terminar con la inflación apeló al control de precios. Para superar el déficit de energía estatizó YPF y decretó lo que cada empresa debía producir. Para evitar que los ahorristas corran hacia el dólar construyó el cepo, que es un vallado tributario.
La misma terapia fue administrada en otros "mercados" en los que aparecieron trastornos. Cuando tuvo "problemas de comunicación", optó por encorsetar al periodismo con una nueva ley de medios. Y cuando esa ley encontró dificultades en la Justicia, en vez de mejorar los argumentos o aceptar las sentencias, se lanzó a "democratizar" los tribunales con magistrados que le dieran la razón.
Este año la Presidenta teme que se perturbe el mercado más decisivo: el de los votos. La supervivencia de su sueño de poder necesita de un triunfo contundente en las elecciones legislativas, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. La estrategia para sortear esa encrucijada vuelve a ser la de siempre. En lugar de mejorar su mensaje y su política, se propuso alterar la regulación de los comicios. Cristina Kirchner se parece cada vez más a sí misma. En 2009 se ilusionó con que la manipulación del calendario y las candidaturas testimoniales le darían la victoria. Y hace 15 días, ante el dudoso triunfo del chavismo en Venezuela, rechazó cualquier recuento y exigió a Barack Obama que bendijera la elección. Curiosa reivindicación de la política, que es capaz de hacerla prevalecer sobre la propia democracia.
Ahora las ventajas en las urnas deben provenir de algunas reglas incorporadas a último momento en la remodelación del Consejo de la Magistratura. La reforma judicial lleva en su seno una reforma electoral.
La propuesta de que los representantes de los jueces, los académicos y los abogados se elijan en una votación general supuso desde el comienzo una alteración para los comicios de este año. Ya no se votaría sólo por los diputados o senadores de cada distrito. Habría también una boleta de consejeros capaz de unificar la elección en varias provincias. Como definió Graciela Camaño, "cuando sólo iba a haber comicios por distritos, el Gobierno inventó una elección nacional".
El kirchnerismo llevó esta innovación mucho más allá, con dos cambios en el texto original de la ley. Por un lado, prohibió a los partidos o alianzas rivalizar en todos los rubros, pero compartir los candidatos al Consejo. Esa combinación hubiera permitido, en teoría, que se enfrentaran sólo dos listas de consejeros: la del Gobierno y la de la oposición.
Por otro lado, el oficialismo se aseguró también la dispersión de sus rivales al modificar en Diputados el artículo 18 sancionado por el Senado. Los partidos o alianzas que promovieran una lista de consejeros debían estar inscriptos, con la misma composición, en por lo menos 18 distritos. La única fuerza capaz de cumplir con este nuevo cepo es el Frente para la Victoria.
Con este requisito el kirchnerismo aspira a nacionalizar la elección y presentar en 2013 un resultado parecido al de 2011. Propondrá en todo el país un conjunto de consejeros identificados con la Presidenta. Hay quienes suponen que en la lista estará la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, por portación de apellido. Del lado de sus rivales sólo figuraría la fuerza que haya homologado una alianza en 18 distritos. El recuento de los votos sería presentado como un triunfo arrasador de la Casa Rosada. Se trata de mantener la sensación de que el país carece de una alternativa al Gobierno. Sensación indispensable para cualquier intento de reelección.
Esta organización de las elecciones estuvo en la raíz del escándalo que sacudió a la Cámara de Diputados durante la sanción de la ley. Agustín Rossi quiso evitar la votación particular porque sabía que varios aliados provinciales se negaban a que sus partidos no pudieran postular consejeros. La resistencia más notoria fue la de la neuquina Alicia Comelli, que se abstuvo de votar el artículo 2º. El oficialismo quedó en 128 votos y estalló la guerra.
La polémica electoral puede determinar, cuando llegue a tribunales, el destino de toda la reforma. No porque la regulación de los comicios sea más inconstitucional que otros aspectos de estas nuevas leyes, sino porque su trámite procesal puede ser más veloz. El 13 de mayo es el nuevo Día D de la señora de Kirchner. En esa fecha debe convocar a las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Si para entonces la Corte declaró que la forma de elegir los consejeros es inconstitucional, el empeño de la Presidenta por controlar la Magistratura deberá esperar, por lo menos, hasta 2015, ya que debería modificarse la normativa.
A pesar de las denuncias de Elisa Carrió sobre un pacto de los radicales con el oficialismo, Ernesto Sanz y Ricardo Gil Lavedra se pusieron al frente de un equipo para impugnar por inconstitucional la elección de consejeros. Es el camino que seguirán otros partidos, sobre todo los de escaso despliegue territorial, como Unión Celeste y Blanca (De Narváez), el Frente Progresista de Santa Fe (Binner) o Pro (Macri).
La carrera de la oposición será infartante. En cambio, el Gobierno apostará a que los jueces se pronuncien después del 13-M. Por esta razón, el Senado aprovechará el feriado de pasado mañana para "ganar" una semana. La dilación tiene una dificultad: el recurso de per saltum que reglamentó el kirchnerismo para ganar velocidad en el litigio con Clarín. Cristina Kirchner tropieza contra su propia invención. Como dijo Gómez Dávila, "no hay nada peor que dar soluciones permanentes a problemas transitorios".
La Cámara Nacional Electoral y, después, la Corte quedarán en el centro de la escena. Los primeros indicios insinúan que en el máximo tribunal ya se ha formado una mayoría contra la que chocaría el Gobierno. "Para ser presidente de la Nación basta con estar habilitado en cinco distritos. No se pueden exigir más requisitos para ser consejero", interpretan allí.
Nunca los políticos se enfadan más con la Justicia que cuando ésta les quita ventajas electorales. Barack Obama vapuleó a la Corte de los Estados Unidos en 2010, durante el discurso sobre el estado de la Unión, por una sentencia sobre el financiamiento de las campañas. El escándalo ganó temperatura cuando la televisión leyó los labios del juez Samuel Alito repitiendo "no es verdad".
¿Qué sucedería si la Corte voltea la elección para el Consejo? ¿Las PASO se realizarían igual o el Gobierno las suspendería para desalentar la polarización del voto en las generales? Es la pregunta que desvela a toda la clase política.
El disenso de la Corte no se limita a la alteración del sistema electoral. Cuando analizaron la reforma, los jueces detectaron cinco razones para la declaración de inconstitucionalidad. Entre ellas está la eliminación de los dos tercios para remover a los magistrados: "Es una mayoría especial que se exigía desde la Constitución de 1853 y que se trasladó al Consejo", apuntó un experto que conoce bien el tribunal.
También habrá otra controversia por la creación de las cámaras de casación. O, mejor dicho, de "la" Cámara de Casación: es la que tendría competencia en el caso Clarín. Hasta que se sustancien los concursos, Cristina Kirchner puede integrar ese tribunal por decreto y hacerlo intervenir en una causa que está en curso. Justicia legítima.
El juego es inquietante. La Cámara Civil y Comercial -Najurieta, Guarinoni y De las Carreras- falló a favor de Clarín.
El Poder Ejecutivo debe apelar esa medida, pero pretende hacerlo ante la Cámara de Casación, creada por la Presidenta. Para hacerlo ese tribunal debería estar creado antes de que venza el plazo de la apelación: 10 días hábiles, que están corriendo. Aquí la intención del kirchnerismo es que el proceso se demore. La ayuda de los paros judiciales es, en este aspecto, invalorable. En el caso de que se consiga injertar esa nueva instancia: ¿la Cámara Civil y Comercial aceptará esa alzada o la declarará inconstitucional?
Gracias al monumental poder que ha acumulado, cuando el Gobierno va perdiendo un pleito, puede sacar de la galera un nuevo tribunal que corrija el resultado. Y cuando las urnas presentan algún riesgo, crear una ortopedia para torcer la corriente de los votos. La democratización judicial cambió de rostro. Y a la Corte la espera un reto escalofriante: impedir que se instale en la Argentina una república fraudulenta..

domingo, 5 de junio de 2011

Por qué mucha gente apoyó a los militares


Por qué mucha gente apoyó a los militares
Ceferino Reato
Para La Nación


Treinta y cinco años atrás, en las vísperas del derrocamiento de la presidenta Isabel Perón, no había encuestas ni sondeos que registraran qué pensaba la opinión pública, pero los diarios y revistas de la época sugieren que la mayoría de la gente estaba harta del gobierno peronista.

Claro que en estos tiempos de crispación y periodismo militante, y tan bien pago, alguien podría impugnar esta presunción con el argumento de que la prensa era golpista, en tanto integrante de un supuesto "eje del mal" que viene desde el fondo de nuestra historia, junto con la oligarquía y sus aliados transnacionales, los militares, la Iglesia Católica, los políticos y sindicalistas traidores y la clase media conservadora.

Sin embargo, aquella sensación de vacío de poder, de un gobierno que no podía controlar la situación, se reflejaba también en un diario de centroizquierda como La Opinión, de Jacobo Timerman, para no hablar del vespertino La Tarde, dirigido por su hijo, Héctor Timerman, el actual canciller, que era abiertamente golpista.

La Opinión daba algunos datos desoladores: cada cinco horas se producía un asesinato político y cada tres estallaba una bomba; la presidenta había nombrado un ministro cada 25 días, y la inflación llegó al 38% en marzo de 1976 y al 98,1 en los tres primeros meses del año.

Testigos confirman el estado de ánimo de la opinión pública. Por ejemplo, el periodista inglés Robert Cox, que dirigía el Buenos Aires Herald y luego, en la dictadura, se convertiría en un destacado defensor de los derechos humanos. "El 24 de marzo fue un día soleado, «peronista», como se decía. La mayoría de la gente estaba contenta pensando que las cosas iban a mejorar. Después sí vino el gran silencio", me dijo en una entrevista para el libro Operación Primicia . Cox agregó: "Todo 1975 se vivió como una tragedia griega, que desembocó en el golpe. Desafortunadamente, muchos argentinos estaban siempre buscando a los militares para que entraran al gobierno, ordenaran el país y dieran luego elecciones. Pasaba ahora también con gente de la izquierda: recuerdo que con mi mujer nos encontramos en una recepción en la embajada de Egipto con un periodista de El Cronista Comercial, que militaba en la izquierda, y con su esposa, que estaba embarazada. Ellos confiaban en que un gobierno militar pondría en marcha una represión más legal que la del gobierno de Isabel Perón, en el que aparecían cuerpos carbonizados en zanjones".

Precisamente, una de las tesis de mi libro es que muchos argentinos recibieron el golpe con alivio por dos razones. Por un lado, por la ineficacia y pérdida de legitimidad del gobierno, que había convertido en insolubles los problemas de la inflación, el desabastecimiento y la violencia política, y por la dramática debilidad del liderazgo de la viuda de Perón, que hasta se deprimía seguido. Más inquietante es la segunda razón: todos los actores relevantes colaboraron, en forma directa o indirecta y por diferentes razones, en la caída de Isabel, salvo, lógicamente, la presidenta y el puñado de políticos y sindicalistas que todavía la respaldaban.

Según el kirchnerismo, el golpe fue uno de esos momentos en que la hidra del mal coaguló para abortar los sueños y los ideales de los sectores populares, que eran fielmente interpretados por la "juventud maravillosa" de los años 70, de la cual el gobierno actual se considera el heredero legítimo.

Y sin embargo aquella "juventud maravillosa", al menos quienes siguieron integrando Montoneros, resultaron en parte responsables del golpe y del respaldo popular que recibió a los militares. Es que en aquel momento, el "objetivo político principal" de Montoneros era "el deterioro del gobierno de Isabel Martínez", que era visto como un velo, un obstáculo, para que el pueblo respaldara a la guerrilla en su marcha triunfal hacia la patria socialista, según un documento interno de 1977 ("Curso de Formación de Cuadros del Partido Montonero Comandante Julio Roqué"). El propio Mario Firmenich confesó, en 1977, en una entrevista con Gabriel García Márquez, que "desde octubre de 1975 nosotros sabíamos que se gestaba un golpe militar para marzo del año siguiente" y "no tratamos de impedirlo". Los guerrilleros, en general, habían llegado a la conclusión de que el golpe los favorecería porque, puestos a elegir, los argentinos los respaldarían a ellos en su lucha contra los militares. Por eso crearon el Ejército Montonero, que debutó el 5 de octubre de 1975 con un ataque al cuartel de Formosa.

La "juventud maravillosa" no defendía la democracia ni los derechos humanos. No eran los únicos; eso formaba parte de una cultura política arraigada: en la Argentina, la democracia, con todo su contenido, sólo se convirtió en un valor relevante en 1983, luego de la sangrienta dictadura. Culpas repartidas, aunque no en la misma proporción, de una historia que resiste el estrecho e interesado molde del relato oficial.

Ceferino Reato, periodista, es autor de Operación Primicia

domingo, 4 de abril de 2010

El Congreso ha dejado de ser una escribanía del Gobierno


Entrevista con Oscar Aguad"El Congreso ha dejado de ser una escribanía del Gobierno"
Implacable al criticar al kirchnerismo, el jefe de los diputados radicales alerta sobre el agravamiento de la situación social. Y también se atreve a revisar las culpas de la oposición: "Quizá pudimos haber cometido los mismos errores que criticábamos"

Reportaje realizado por Ricardo Carpena, para La Nación. Publicado el domingo 28 de marzo en el Suplemento Enfoques de dicho periódico.

"Quizá pudimos haber cometido los mismos errores que criticábamos. Tenemos que ser muy celosos del respeto por las formas y por la ley, considerar que las formas son el fondo y no creer que porque somos más podemos imponer las formas. Hemos cometido algún exceso entre todos, pero aprendimos de nuestros propios errores y es algo mínimo ante a lo que hemos logrado: que el Congreso deje de ser una escribanía del Gobierno. Y que al Gobierno no le resulte tan sencillo eludir al Congreso."

Que un político haga autocrítica es bastante inusual: el jefe del bloque de diputados de la UCR, Oscar Aguad, rompe una larga tradición de echarle la culpa a los otros, quizá obligado por el estridente fracaso de una sesión especial en la Cámara baja para declarar nulo el decreto que creó el Fondo del Bicentenario y que permitió que Elisa Carrió acusara a "algunos radicales", como el mismo Aguad, de complicidad con el Gobierno.

Ante Enfoques, de todas formas, el legislador de la UCR no carga las tintas contra Carrió pero le reclama que trabaje para cohesionar a las fuerzas contrarias al kirchnerismo. Y agrega que la líder de la Coalición Cívica "forma parte de la oposición y, si la critica, también se critica a sí misma".

Este dirigente cordobés de 59 años preside el bloque de diputados nacionales de la UCR y quedó atrapado en los vaivenes de este Congreso surgido del 28 de junio. La composición actual favorece a la oposición, pero, hasta ahora, no termina de alcanzar un funcionamiento que represente el sentido de lo que se votó en las últimas elecciones.

Casado, con cuatro hijas que van de los 30 a los 20 años y una nieta de ocho meses, es implacable al criticar al Gobierno y alertar sobre el agravamiento de la situación social durante este año como consecuencia de la inflación. De todas formas, no se muestra tan implacable cuando se le pregunta sobre quién debería ser el próximo candidato presidencial de la UCR. "Prefiero tener primero el programa. Una vez que lo tengamos, elijamos al candidato", sostiene.
El legislador radical fue miembro del directorio del diario La voz del interior , secretario de Gobierno de la Municipalidad de Córdoba, convencional constituyente en 1994 y ministro de Asuntos Institucionales y Desarrollo Social de la provincia durante la gestión de su correligionario y padrino político, Ramón Mestre. Y cuando éste fue ministro del Interior en el gobierno de la Alianza, designó a Aguad como interventor federal en Corrientes (que le originó una causa judicial por administración infiel, de la que resultó sobreseído hace tres años). Fue elegido diputado nacional en 2005 y dos años después comenzó a presidir el bloque de diputados de la UCR.

-Es un momento raro de la política: la oposición parece desdibujada, con una estrategia confusa en el Congreso, y los Kirchner repuntan en las encuestas. ¿A qué obedece?

-Es solamente una imagen, pero no es la realidad. Y esto lo ha construido el Gobierno a partir de las cosas que dicen , de las cosas que informan, pero, de hecho, hay un logro muy importante de la oposición que no se ha visualizado aún: el Congreso ha dejado de ser una escribanía del Gobierno. Se paralizó esto de que los proyectos entraban por una puerta y salían como ley por la otra. El Congreso hoy debate y estudia los temas. Y le ha puesto un freno al Gobierno. El otro tema es cuándo vamos a empezar a sancionar leyes que reviertan la grave situación institucional a que este gobierno nos ha llevado. Pero no hace un mes que el Congreso empezó a funcionar normalmente. El cambio en el impuesto al cheque, que revierte una situación federal inequitativa, está a las puertas de ser tratado en el Senado. La reforma del Consejo de la Magistratura es probable que tenga despacho antes de fin de mes en la Cámara de Diputados y nos estamos esforzando para que el presupuesto, que es la ley más importante, vuelva a ser tratado en el Congreso.

-Usted se quejó de que había opositores funcionales al Gobierno. ¿Quiénes son?

-No quiero personalizar porque este es un momento para tratar de cohesionar. Pero es indudable que hay un estrategia del Gobierno para desarticularnos y hay algunos que son funcionales...

-¿Funcionales por qué?

-Porque se esmeran en mostrar a la oposición desarticulada y eso es falso: estamos trabajando en conjunto, aunque tenemos matices, diferencias y somos de partidos distintos.

-Más allá de cualquier estrategia de los Kirchner, ustedes no encontraron hasta ahora un funcionamiento ideal en el Congreso y algunas declaraciones no ayudan, como las de Elisa Carrió, que lo acusó a usted de complicidad con el Gobierno.

-Carrió forma parte de la oposición y, si la critica, también se critica a sí misma. Luis Juez hace exactamente lo mismo. En el caso de Carrió, un día criticó y al lunes siguiente, en la televisión, dijo que había sido una sobreactuación. Bueno, estas cosas tenemos que superarlas.

-¿Cómo?

-Hablando; todo se arregla conversando. Fijando una estrategia. Hasta diciembre, la oposición funcionó muy bien, sin ningún problema. No existe razón para que ahora no funcione igual. Debemos advertir que el Gobierno tiene una maquinaria de poder puesta al servicio de que nosotros nos desarticulemos, nos peleemos y, además, aparezcamos frente a la opinión pública como desarticulados, incoherentes, imprecisos.

-Carrió lo criticó, pero me imagino que le reconoce que cuando ella dice que el Gobierno va a hacer trampa, acierta...

-(Hace el gesto de cerrarse la boca con una cremallera.) No hablo.

-¿Siente que ella le marca límites a la oposición? ¿Que los expone públicamente"

-Carrió tiene que colaborar para cohesionar a la oposición. Es una actora muy importante del sistema y tiene esa gran responsabilidad, que es la de beneficiar la cohesión opositora. Lo está haciendo, pero tiene que ponerle más enjundia.

-Más allá de lo que reclama Carrió, ¿qué autocrítica se haría como jefe de bloque?

-Quizá pudimos haber cometido los mismos errores que criticábamos. Tenemos que ser muy celosos del respeto por las formas y por la ley, considerar que las formas son el fondo y no creer que porque somos más podemos imponer las formas. Tenemos que tener como límite la ley. Hemos cometido algún exceso entre todos, pero aprendimos de nuestros propios errores y es una cosa mínima frente a lo que hemos logrado: que al Gobierno no le resulte tan sencillo eludir al Congreso.

-Pero el Gobierno, hasta ahora, parece estar logrando ese objetivo.

-Falta un actor que todavía no actuó: llegó el turno de la Corte. Nosotros hemos hecho nuestro trabajo, la Corte tiene que hacer el suyo. ¿Cuál es? Tiene que fijar posición para mejorar la calidad institucional del país en dos temas fundamentales: primero, decir cuál es el límite jurisdiccional de los jueces con respecto a los otros poderes del Estado. ¿Pueden los jueces revisar decisiones políticas y administrativas de otro poder del Estado? No, no pueden. Lo que hizo ese juez [ N. de la R.: Enrique Lavié Pico], resolver cómo debe funcionar una comisión del Senado, es un disparate tan grande como que el Congreso le diga a la Cámara, que ahora va a tratar la apelación de Julio Cobos, cómo se tiene que conformar. Y el otro tema que tiene que resolver la Corte es cuál es la necesidad y la urgencia que se requiere para dictar un decreto de necesidad y urgencia. Cuando la Corte aclare esto, no va a haber más atajos para eludir al Congreso.

-¿La gente común entiende este tipo de disquisiciones intrincadas, visualiza claramente qué está en juego en todo esto?

-No lo visualiza. Hoy, en una radio, me preguntaron qué le importaba a la gente el Fondo del Bicentenario. Este fondo agrava la situación de la inflación en la Argentina. La falta de credibilidad en el país, la falta de certidumbre en las reglas de juego; agrava la caída de la tasa de inversión en el país, y la tasa de inversión afecta directamente al empleo. El tema social, ¿cómo se soluciona? Generando puestos de trabajo, no planes sociales. ¿Qué es lo que genera los puestos de trabajo? La inversión. En la Argentina, la inversión cayó un 13%. Eso se refleja inmediatamente en los puestos de trabajo, en el nivel de los salarios y en el nivel de la exclusión y de la pobreza. Hay una ecuación clave: para bajar un punto la tasa de desempleo hace falta un crecimiento del 4% del PBI. Para que haya ese crecimiento tiene que haber una inversión del 25% sobre el PBI. Esta es la situación que tenemos que defender.

-La Presidenta dice que ustedes no tienen propuestas y que quieren un ajuste.

-No, el ajuste lo está haciendo el Gobierno.

-¿A través de la inflación?

-Claro.

-¿Y cuál es la propuesta de ustedes?

-Inversiones. ¿Por qué hay inflación? Porque hay una sobreoferta de recursos económicos en el mercado sin la correspondiente tasa de inversión que cree los bienes que necesita el mercado. Es decir, hay una gran demanda de bienes, porque hay recursos económicos, pero quienes tienen que invertir frente a la incertidumbre no invierten y lo que hacen es aumentar los precios. Ese es el problema de la inflación. El Gobierno dice: el ajuste no lo vamos a hacer nosotros. Mentira. El ajuste lo está haciendo: va a haber una tasa de inflación de entre el 20 y el 25 por ciento. Es más grave el ajuste inflacionario que el ajuste tarifario, por ejemplo. Segundo tema, el Gobierno dice que en el Congreso no se discute nada importante y nosotros queremos discutir el presupuesto que es la ley más importante. ¿Por qué? Porque el Gobierno calculó una tasa de inflación de 6 puntos y la tasa de inflación va a estar arriba de los 20. Esto sugiere que el Gobierno va a recaudar mucho más de lo que tiene previsto recaudar, entonces hay que rever el presupuesto. El Gobierno calculó un crecimiento del 2% y el país va a crecer al 4%. Más recursos para el Gobierno. Y, además, nos enteramos de que tiene un déficit en el gasto de 50.000 a 70.000 millones de pesos. Hay que rever el presupuesto, la ley de leyes, la más importante, pero tiene que ser una iniciativa del Poder Ejecutivo, no podemos decirle en qué va a gastar la plata, pero sí tenemos que decir cuál va a ser la previsión de ingresos que va a tener el Gobierno y cuál es el gasto donde va a derivar esos recursos. Entonces, todo esto que está creando el Gobierno es artificial. Estamos dando una batalla decisiva, por más que no tengamos la claridad suficiente para que la opinión pública la entienda.

-Hay un escenario en el que ustedes avanzarán con una agenda legislativa que, en el mejor de los casos, el Gobierno va a terminar vetando. ¿Qué van a hacer?

-El Gobierno va a comprender la realidad que estamos viviendo cuando vea los desbarajustes que le va a causar la inflación. Tengo mis dudas de que no la esté provocando...

-¿Por qué?

-Para licuar los pasivos. Lo que está haciendo el impuesto inflacionario es autofinanciar al Gobierno. No se dan cuenta de los desbarajustes que el problema social les va a traer. Estamos en el peor de los mundos, en el mejor tiempo de la Argentina. Esta es la paradoja: nunca las commodities valieron lo que valen hoy y nosotros seguimos perdiendo el tiempo. La impugnación a los Kirchner, más allá de los atropellos institucionales, de haber quebrado la confianza en el país, es el tiempo perdido. Nos están haciendo perder el mejor tiempo que ha vivido la historia del país.

-¿A quién prefiere como candidato presidencial de la UCR? ¿Cobos? ¿Alfonsín? ¿Sanz?

-Prefiero primero tener el programa de gobierno y una vez que lo tengamos, elegir el candidato. Falta mucho para 2011. El candidato del radicalismo debe ser el que la gente suponga que es el mejor para llevar adelante un programa de gobierno, porque éste, sin el respaldo del poder que transmite el pueblo, no puede ser ejecutado. Muchas veces los partidos privilegian sus problemas internos a las decisiones de la sociedad. Se equivocan porque el poder lo transmite el pueblo. Quedó demostrado en la crisis del campo: cuando el pueblo le sacó el poder, el Gobierno cayó por knock-out. El poder no nace de la billetera ni de sentarse en el sillón de Rivadavia sino del pueblo y, cuando éste te retira el poder, se terminó. Es lo que le ha pasado a este gobierno. Uno puede recomponerlo, pero tiene que volver a ganarse la voluntad de la sociedad, que es lo que este gobierno no hace y sigue enfrentando a la sociedad. Consecuencia: sigue sin poder. Si alguien quiere ejecutar un programa de transformación tiene que tener el apoyo de la sociedad. Por eso reitero: primero el programa, después el candidato.

-¿Qué le diría a una presidenta que en cada discurso habla de los errores de la Alianza?

-Este gobierno toma decisiones equivocadas basándose en los errores que se cometieron antes. Doble torpeza: está justificando sus malas acciones por las malas acciones que se hicieron antes. Esa permanente prédica sobre el retorno al pasado no lleva a ningún lado. Lo que queremos escucharle al Gobierno es qué va a hacer para adelante, no qué pasó antes. Todos saben lo que pasó antes. Y es más: en el radicalismo hemos aprendido y estamos aprendiendo de nuestros propios errores. Seríamos unos torpes si no los hiciéramos, y hemos cometido muchos. Y esos errores muchas veces los pagó la sociedad argentina. Cada vez que la Presidenta nos marca un error nos sirve como referencia para no volverlo a cometer. El problema es que el Gobierno comete los mismos errores que cometimos nosotros.

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